06 abril 2011

"Pollo Pepe" asado


Normalmente en mi casa yo soy la que hace la compra, bien físicamente, bien preparando una listado que mi marido intenta seguir al pie de la letra y aquí es donde reside mi problema, siempre hay algo que trae mal. Muchos pensaréis que lo hace a propósito para evitar ir al hiper, pero nada más lejos de la realidad, puesto que la mayoría de las veces se ofrece voluntario, eso sí diciendo “tú dime lo que tengo que traer para no meter la pata”. Ya de pequeño despuntaba, mi suegra me contó que en una ocasión, estando de vacaciones en la playa, le mandó al súper a por limones para “el cubata”, y apareció con un par de pomelos diciendo “mirad que limones más grandes he comprado”. Cuento esto, porque el pasado sábado, cuando estaba atacada en la cocina preparando la tarta de Sofía, mi marido cogió la lista de la compra y se fue a comprar. Justo antes de salir le dije: “tráete un pollo asado para comer, porque no me va a dar tiempo a preparar nada. ¿Y que trajo? Un flamante pollo de corral…!crudo!




Nunca he preparado un pollo entero. Siempre compro cuartos traseros, o un pollo troceado, y cuando en ocasiones recurro al asador de pollos, siempre pido que me lo trinchen. ¡Es superior a mis fuerzas! Os cuento esto para que sepáis porque a la receta de pollo que hice el otro día la he llamado “pollo Pepe asado”.

No, no penséis mal, que aunque mi marido se llama así, el nombre viene por el cuento que mi hija lee toooodos los días a mi nieta :”El pollo Pepe”. Los que me conocen, saben que no he podido comer conejo en mi vida porque siempre he pensado en Bugs Bunny y ahora me veía en la cocina delante del pollo Pepe. Tenía que hacer algo que no supusiese mucha manipulación del “bicho” y que no me llevase mucho tiempo. Abrí armarios para ver que había y cogí dos chalotas, dos cabezas de ajo y un preparado de especias que llevaba pimiento, romero, sal y pimienta. Y recordando la recomendación de Nieves de la utilización del vino en nuestras recetas, abrí una botella de vino tinto Pata Negra de bodegas Los Llanos, un Valdepeñas gran reserva del 2003, de uva tempranillo que estaba muy bueno.


Dejé caer prácticamente al pollo en la fuente de horno, eché las chalotas partidas en cuatro trozos cada una y los dientes de ajo los eché enteros y sin pelar (me encantan los ajos asados y así no se deshacen tanto, y es en el plato, cuando le separo la piel que se ha quedado seca y se desprende fácilmente la carne del ajo). Un poco de un buen aceite de oliva y al horno. A los 25’ regué el pollo con un vaso pequeño de vino y le di la vuelta para que se asara por los dos lados.

Por supuesto el que trinchó el pollo fue el otro Pepe. Yo, me limité a servir las copas de vino.

Bon Appétit

4 comentarios:

  1. Ja,ja,ja, es una historia muy buena, digna de apuntar en el libro de las anecdotas para contar a tus nietos, nunca mejor dicho. Nada mas terminar de leer este post he ido a internet a buscar como es "el pollo Pepe" y no se parece en nada al tuyo, pobre Sofi, ¿le pasará lo mismo que a su abuela con el conejo? Ya nos contará ....

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  2. José María06 abril, 2011

    Nada mejor para empezar mi día, que degustar el suave aroma de un buen pollo asado, el nombre es lo de menos, lo primordial que es "POLLO"; asado, cocido,frito, rebozado,escalfado, a la plancha....
    Es un manjar para todos mis sentidos.Bueno me despido dando las gracias a Pepe por alegrarme el día, aunque sea por un descuidín minúsculo, esas pequeñas lagunillas que de vez en cuando los hombres disfrutamos para el deleite de nuestras esposas. Un abrazo

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  3. Parece una historia de chiste, de esas que se cuentan y parece de broma, pero al final el pollo tiene una pinta estupenda.

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  4. Ja,ja,ja.......... me ha encantado la historia del pollo Pepe.....ahora entiendo que nunca harás mi pollo sentado.
    Un beso.....

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